Conoce todo acerca del crecimiento de las semillas

Conocer el funcionamiento de las semillas es vital para cualquier trabajador del sector agrícola, pues a fin de cuentas, es el principal método de reproducción y las que van a garantizar que posteriormente se produzcan cosechas.

Fases de la germinación o crecimiento de las semillas

Debemos diferenciar tres fases en el proceso de germinación de las semillas: imbición, germinación en sí y fase de crecimiento.

Antes de la germinación de las semillas

Cuando las semillas han completado su desarrollo en la planta madre, quedan “en reposo” hasta que se reúnan las condiciones adecuadas para que germinen. La variabilidad de este estado puede ser consecuencia de unas condiciones ambientales desfavorables, a lo que se llama quiescencia; o incluso de la propia semilla, o también conocido como dormición.

Para que los mecanismos fisiológicos de la germinación empiecen, es necesario que la entrada de agua en la semilla, proceso conocido como imbición, se produzca en unas condiciones óptimas de temperatura, oxigenación e iluminación. En el ámbito de la agricultura se llama “germinación” de la semilla al momento que emerge y se desarrolla la planta.

Fase de imbición de las semillas y factores que le afectan

Se considera la primera etapa del proceso y, como hemos comentado anteriormente, es aquella en la que comienza a entrar el agua en la semilla desde el exterior. Es necesario que ésta se hidrate, pero es muy variable el tiempo necesario para cada especie. Puede tardar desde unas horas, a unos minutos, o incluso a su manipulación previa para que la imbición surta efecto.

Cuando el agua ya ha impregnado la semilla al completo, los procesos metábolicos se activan. No obstante, podría producirse una deshidratación si las condiciones externas lo provocaran. Esto no inutiliza las semillas, ya que podrían volver a hidratarse y reiniciar la germinación.

Germinación en sí de las semillas

Cuando la hidratación ha hecho efecto, entramos en la fase de germinación como tal, en la que las semillas comienzan a absorber una cantidad menor de agua. En este momento, se activa el metabolismo que desencadenará el crecimiento de la planta.

Crecimiento de la planta

Una vez se ha incrementado la actividad del proceso metabólico, la planta comienza a emerger de la raíz atravesando las cubiertas seminales. Esta fase es irreversible, pues la semilla ya ha empezado a crecer y ahora dependerá de su mantenimiento, y en caso contrario morirá la semilla.

El desarrollo de la planta es complejo y muy diferente en función de la especie, por lo que conviene conocer bien las características de lo que se plante y considerar el gasto de energía que va a conllevar.

Factores que afectan a la germinación y crecimiento de las plantas

El agua y el factor humano

El agua en exceso o insuficiencia puede ocasionar problemas de germinación. Hay que tener muy en cuenta las necesidades de cada planta y las condiciones óptimas para la germinación de sus semillas, como podría ser la temperatura.

El déficit hídrico de las semillas varía según la especie, y puede provocar una velocidad de germinación mucho más lenta o incluso a infectarse por hongos. Sin embargo, en caso de excedernos con el agua, impedimos que el oxígeno llegue al embrión y la germinación no se produce. Incluso si se hidrata demasiado rápido, podría alterar el propio mecanismo de la germinación, rompiendo el eje embrionario o el asentamiento de la planta.

Condiciones externas

La temperatura también puede alterar la germinación de las semilla, especialmente en especies tropicales y subtropicales. Por ejemplo, si la soja se imbuye a menos de 5ºC podría no solo ralentizar el crecimiento de la planta, sino que las raíces se desarrollen de forma anormal.

Otros elementos, como las variaciones climáticas (heladas, sequías, lluvias torrenciales…) o la acidez del terreno deben considerarse antes de comenzar el proceso de germinación de las plantas.

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