Cuidados del olivo

El Olea europaea, comúnmente llamado olivo, es un árbol mediterráneo muy resistente, capaz de soportar calor y sequía extremos, propios del clima mediterráneo.

Por otra parte, aunque el olivo es sensible al frío intenso, existen variedades de olivo como hojiblanca, farga, blanqueta, corniblanca o leccino, que se han adaptado al clima continental mediterráneo pudiendo soportar heladas medias. Para proporcionar mayor protección frente al frío, podemos ubicar a los olivos jóvenes en un lugar resguardado del jardín y cubrir el suelo con un acolchado o mulching durante el invierno para protejer las raíces y la base del tronco.

Los olivos prefieren suelos calizos de pH alcalino, aunque crecen bien en cualquier tipo de suelo, incluso pobre y pedregoso. Agradecen un abonado anual a principios de la primavera, que puede hacerse mezclando compost o estiércol maduro en la capa externa del suelo.

El olivo necesita ser podado en febrero, una vez finalizada la fructificación. Mediante la poda se alarga la vida del árbol y se estimula la producción de frutos durante su etapa productiva. Realizaremos una poda de mantenimiento eliminando ramas secas o cruzadas, así como chupones o renuevos, ramas que brotan del tronco o la raíz.

La recolección de olivas se realiza en septiembre u octubre si queremos aprovechar las olivas para la elaboración de aceitunas de mesa. Si la oliva se utiliza para la producción de aceite de oliva, la recolección se realiza entre los meses de diciembre y enero.

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