Ley del mínimo de Liebig: ¿Es importante para tu empresa?

Tener conocimiento de la ley del mínimo de Liebig es fundamental para alcanzar no sólo buenas cosechas, sino también aceptables niveles de calidad. Pero, más allá de eso, aunque muchas personas no sepan cuál es la relación, el conocimiento de la ley de Liebig explica muy bien por qué algunas empresas del sector agrícola tienen éxito, mientras que otras van dirigidas a la quiebra.

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Muchos agricultores y empresarios del negocio agrícola todavía no entienden claramente de qué se trata esta ley. Por ello, se ha creado este artículo para explicarles de manera sencilla su planteamiento.

Liebig, en su afán por intentar entender por qué unas plantas lograban crecer mas que otras, a pesar de ser de las mismas especies, e incluso provenir  de los mismos padres, estudió la nutrición vegetal como la base fundamental de esas diferencias. Llegó a la conclusión, de que el crecimiento de una planta no venia determinado por la sumatoria de todos los elementos disponibles en el suelo, sino por aquel elemento que se encontraba en cantidades limitantes.

Como se sabe, la producción agrícola está basada en varios factores que se conjugan para que el proceso de cultivo y cosecha pueda llevarse a cabo de manera adecuada. Para que las plantas tengan un desarrollo óptimo, éstas dependen principalmente de los elementos químicos que se encuentran de manera natural en los suelos; sin embargo, por lo regular no todos se encuentran en cantidades adecuadas para satisfacer los requerimientos esenciales.

Contrario a lo que pudiera creerse, los elementos más abundantes, o los que se encuentran en mayores cantidades de manera natural, no son los que , por lo general, determinan o influyen en el crecimiento y desarrollo de las plantas, sino, por el contrario, los que se presentan en cantidades mínimas.

Así lo afirmó el químico alemán Justus von Liebig, quien hacia 1840 sostuvo que el nutriente que se encuentra menos disponible es el que limita la producción, aun cuando los demás se encuentren en cantidades suficientes. A este principio se le conoce como la Ley del Mínimo de Liebig.

Uno de los aspectos medulares de la ley del mínimo, y que permite su uso en la gerencia empresarial,  es que por más que usted agregue cantidades adicionales de los elementos no limitantes al suelo, las plantas no aumentarán su crecimiento, hasta que el elemento limitante supere cierto umbral. De allí, que incorporar elementos no limitantes, sería un sinónimo de desperdicio de recursos.

Esta ley que se ha venido utilizando para entender las bases de la fertilización de los cultivos y de la fisiología vegetal, también es aplicable para la gerencia de las empresas, sobre todo, de aquellas del sector agrícola.

¿Cuantas veces no hemos sido testigos de empresas del sector ganadero, por ejemplo, que tienen como principal limitante del crecimiento y desarrollo de su rebaño, la producción de pastos, o lo que es lo mismo, la alimentación de sus animales, y que aún así, concentran sus esfuerzos en mejorar la genética de su rebaño, siendo este último, un factor no limitante?. Cuando eso sucede, mejorar la genética difícilmente producirá un impacto en la producción de leche o de carne, sino se superan las limitantes derivadas de la mala alimentación de los animales.

¿Cuántas veces no hemos sido testigos de empresas del sector agrícolas cuyos elementos limitantes son los procesos errados, repetitivos y anticuados, y desperdician cuantiosas sumas de dinero en mejorar la tecnología, sin mejorar los referidos procesos limitantes?. En ocasiones, suelo utilizar una frase que refleja esa realidad: “¿De qué vale utilizar tecnologías del siglo XXI si seguimos aplicando procesos del siglo XIX?”

Muchas veces, en las empresas agrícolas, el elemento o factor limitante es precisamente, la gerencia. Y tal como lo señala la ley del mínimo, de nada sirve realizar cuantiosas inversiones en elementos adicionales, sino logramos superar el factor más escaso de esa empresa.

Una vez conocido el principio descubierto por Liebig, la invitación es a que, dentro de cada una de nuestras empresas, la primera tarea que debemos realizar es determinar cuál es el elemento o factor que está limitando nuestra capacidad de sacar el mayor provecho de nuestros recursos. La invitación es a realizarnos siempre la siguiente pregunta: ¿Está mi empresa obteniendo la máxima producción que pudiera sacarse de ella?. Y si la respuesta es no, como seguramente lo será, lo siguiente es realizarse la prueba de los 3 por qué. Pregúntese por qué razón su empresa no está produciendo a máxima capacidad. Y al obtener la respuesta a esa pregunta, vuelva a preguntarse por qué. Y así sucesivamente, tres veces.

Al final, usted no sólo descubrirá su factor limitante, sino que seguramente encontrará la estrategia que le permitirá superar dicha limitación.

Ing. Agr. Ricardo Castillo López. MSc. Dr.

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