MANEJO DEL CULTIVO DE TOMATE INJERTADO

Con la llegada de nuevas variedades de larga vida, que nos aportan mayor potencial para ser desarrollado y conseguir rendimientos muy por encima de lo que estábamos acostumbrados, nos ha obligado a ser más competitivos, ya que, esto también ha beneficiado a otras zonas que estando más lejos de los mercados de destino y debido a la larga conservación de los frutos, les ha permitido ser competencia directa nuestra. 

Resultado de imagen para injerto tomate

Esto ha hecho que intensifiquemos en exceso nuestra forma de cultivar, con lo que conlleva una ruptura del equilibrio natural del suelo. La intensificación nos obliga ha hacer aportes mayores de fertilizantes, principalmente minerales, que siendo bueno para mejorar las producciones, no lo son tanto para que en nuestros suelos haya un equilibrio entre organismos beneficiosos y perjudiciales. Si a esto añadimos, los aportes de insecticidas y fungicidas al suelo para sanar las raíces de las plantas y así evitar mermas en la producción, estamos contribuyendo a la proliferación y resistencia de algunos patógenos endémicos del cultivo del tomate. Esto nos ha llevado a buscar en la naturaleza, especies interesantes por la tolerancia o resistencia de sus raíces a plagas y enfermedades, que son un obstáculo para conseguir el máximo potencial de la variedad cultivada. Si a esta especie con este potencial radicular le injertamos la variedad que queramos cultivar por el interés comercial de sus frutos, en teoría y solo en teoría habremos conseguido, no solo que no nos interfieran

IMPORTANCIA DEL SISTEMA RADICULAR

La raíz es el cerebro de la planta y el motor que va a marcar el ritmo de trabajo de la parte aérea de la misma. El tallo, las hojas, las flores y frutos, van a depender de lo que la raíz sea capaz de ordenar para que se consiga lo que queremos. Es por esto, por lo que debemos intensificar los cuidados sobre la misma, aunque esta sea resistente a muchos patógenos del suelo, porque de nada sirve para nuestro objetivo, todas estas resistencias si la raíz pierde sus pelos absorbentes, que son los que sirven para alimentarse.

En un cultivo de tomate sin injertar, hay una perdida de raíz apreciable, cuando tiene que soportar un deshojado exagerado, una carga de fruto elevada, un exceso de temperatura o una bajada brusca, un mal manejo del riego, en definitiva un estrés al que no puede hacer frente y que provoca una perdida importante del sistema radicular.

Cualquier estrés es aprovechado por los patógenos del suelo, para colonizar la raíz y ocasionar daños irreparables, que conducen a una merma en la producción en el mejor de los casos, pero que incluso puede acabar con la totalidad del cultivo.

La máxima competitividad a la que nos vemos sometidos, nos obliga a exigir de la planta un mayor rendimiento y es por ello, por lo que tenemos que utilizar patrones con mayor potencial radicular que nos confiera una parte aérea más fuerte, capaz de mejorar tanto en producción como en calidad al cultivo tradicional.

Con el injerto hemos ganado en sostén de la planta, es decir, que siga viva, pero de nada sirve resistir si después de producirse un estrés, se pierden las pequeñas raíces, que son las captadoras de agua y alimento y los frutos formados se ahuecan, las flores abortan y la parte apical se debilita y disminuye su crecimiento.

La planta necesita un equilibrio entre sistema radicular y parte aérea. Al inicio del cultivo y en muy poco periodo de tiempo, el sistema radicular es mayor que la parte verde de la planta, por lo que observamos:

En los primeros quince días.

No injertada: El desarrollo radicular es bueno y más rápido que en el caso injertado. La cabellera radicular puede haberse desarrollado sin excesivos problemas, incluso regando muy poco para obligar a anclarse bien en el suelo y tener así una raíz más fuerte cuando el cultivo esté más avanzado.

Injertada: Es más lento su desarrollo en el inicio del cultivo, debido en primer lugar a que ha sido sometida a mayor estrés en semillero, al habérsele cortado la cabeza en el injerto, ya que, pierde casi toda la raíz en esa operación y en el momento del trasplante, aún no ha recuperado la totalidad de ella.

En segundo lugar, la mayor o menor compatibilidad del patrón con la variedad y el tiempo que tardan en adaptarse después de la unión de las dos plantas, influye en gran medida en el proceso de enraizamiento.

Es muy importante que las plantas cuando vienen del semillero estén bien regadas y en los primeros días de postrasplante no le falte agua, pues de ser así, las pequeñas raíces morirían y la planta no soportaría un nuevo estrés, por lo que se dan muchos casos en los que al ocurrir esto, recurren al semillero para pedir explicaciones de porque se le han muerto tantas plantas inmediatamente después de ser trasplantadas, pero la respuesta está en el cuidado que se ha de tener respecto a los primeros riegos postrasplante.

También es muy importante, que se plante en suelo y no en la arena (en caso de enarenado), pues va a tener una humedad y temperatura constante, lo que favorece un mejor desarrollo radicular.
En abonado no difiere en nada respecto al no injertado, en este inicio de cultivo. Como norma general, el abonado está centrado en un mayor aporte de fósforo, para favorecer el enraizamiento, tanto en un cultivo como en otro.

En cuanto a los cuidados culturales, si la planta injertada viene del semillero sin podar, habrá que proceder al despunte de la yema apical o cabeza de la planta, para lo cual es preferible esperar tres o cuatro días después del trasplante, para que tenga raíces nuevas que fuercen a romper yemas axilares.

El despunte en terreno de asiento, supone un retraso en el cultivo de unos quince días, por lo que habrá de tenerse en cuenta que hay que plantar este tiempo antes, para obtener frutos en la fecha que se tiene prevista la recolección con un cultivo sin injerto.

El despunte en semillero, nos da la ventaja de tener los tallos definitivos ya en crecimiento, por lo que habremos ganado esos quince días, sin embargo, nos obliga a trasplantar sin ninguna demora, puesto que, en semillero no reciben la misma luminosidad un tallo que el otro, debido a la densidad de plantas y eso hace que el que crezca más rápido reciba más luz, dando una heterogeneidad no deseada.

También, los tallos provenientes de semillero son nacidos de los cotiledones y son más frágiles pudiendo desgajarse algunos, cuando sé entutoran, o en caso de perchas se tensa demasiado el hilo al bajarlas.

FASE DE CRECIMIENTO I (hasta 7º ramillete).

En esta fase nos proponemos hacer una planta fuerte (sin confundir con excesivamente vigorosa), que nos provea de frutos de buena calidad, con tamaño acorde a lo exigido por la variedad y un rendimiento en número de frutos elevado, para así conseguir el rendimiento productivo deseado.

Las formas de actuación son diferentes, según sea la fecha de plantación. Por tanto, diferenciaremos entre tres fechas significativas de la zona de La Cañada (Almería).

Plantación de principios de agosto:

La más temprana de la zona y la que se va a ver sometida a mayores problemas. Es una fecha de plantación crítica, porque ha de atravesar dos meses de temperatura elevada y humedad baja, produciendo sobre la planta diversos tipos de estrés que van a condicionar su desarrollo y si no se maneja bien el cultivo, va a limitar la cosecha de manera considerable.

Las temperaturas son muy elevadas y los días largos.

El agua es necesaria para el buen desarrollo del cultivo. La demanda es muy grande para cubrir sus necesidades fisiológicas. Esto obliga a regar con demasiada frecuencia. Por tanto aceleramos el ritmo normal de crecimiento del cultivo, pudiendo provocar un estrés en la planta que nos conduzca a un agotamiento prematuro de la misma.

Si hacemos una planta con hojas grandes capaces de suministrar nutrientes al ritmo que demande, conseguiremos superar los obstáculos provenientes de las exigencias climáticas. En una planta sin injertar nos vemos más limitados en el nivel de respuesta para nuestro objetivo que en la injertada, debido a que el sistema radicular de la primera se ve sometido a un estrés incapaz de superar en gran número de ocasiones, provocando una perdida masiva de raíces y por tanto, un desequilibrio en la parte aérea que provoque todo tipo de fisiopatías.

En esta fase y para esta fecha de plantación, las pautas a seguir son las de forzar al máximo a la planta en cuanto a fertirrigación, para exigir de ella una formación estructural, en la que se conforme de un tallo fuerte y hojas bien desarrolladas, que den flores y frutos en condiciones optimas de desarrollo. No es fácil conseguir esto con temperaturas excesivas, ya que, la velocidad de crecimiento a la que se ve sometida no es el mejor aliado para hacer una planta de entrenudos cortos, con grandes hojas verdes y que suministren todo lo necesario para un perfecto funcionamiento. Todo esto hace interesante y apropiado al cultivo injertado, además de que provea a la planta de resistencias a distintas enfermedades, aunque la resistencia a nematodos se ve mermada debido a las altas temperaturas, pero no lo es mejor sin injertar, por lo que se hace necesaria una buena desinfección previa del terreno aunque sea cultivo de injerto.

Si por razones climáticas o técnicas no hemos conseguido nuestro objetivo y a resultas tenemos una planta débil, con flores abortadas, fina y espigada y sistema radicular poco desarrollado, la capacidad de reacción de la planta injertada es muy superior a la no injertada, por lo que pueden restablecerse los parámetros adecuados para el buen funcionamiento de la planta y recuperar todo su potencial genético. Esto nos haría conseguir el objetivo más tarde, pero no tendríamos que arrancar el cultivo.

Plantación de finales de agosto:

Es la fecha más adecuada para conseguir el máximo del cultivo del tomate en esta zona. Suele empezar con bastante calor, pero la planta pequeña, que no está obligada a suministrar alimento a ningún fruto, no se ve sometida a estrés fuertes que le provoquen un desequilibrio funcional. Al igual que en la fecha de transplante anterior, la planta crece muy rápido, por lo que nos vemos obligados a forzar en su inicio la fertirrigación.

Conforme pasa el tiempo, las temperaturas son moderadas y la humedad del invernadero es más apropiada para el buen funcionamiento de la planta, por lo que el manejo del cultivo se hace más llevadero. Es esta la fecha en la que el cultivo alcanza su mayor vitalidad y tenemos que cerciorarnos de que no logre un vigor excesivo, por bonita que parezca, puesto que, si el tallo es excesivamente grueso y las hojas muy grandes y crujientes, nos estará mostrando seguramente un exceso de nitratos y como consecuencia un desequilibrio en la relación N/K que de no corregir a tiempo nos ocasionará serios problemas en un futuro próximo.

Esto puede ocurrir tanto en injertada como la no injertada, pero la restitución de la planta a su equilibrio adecuado, es más difícil de conseguir en la planta injertada, debido a su mayor potencial, por tanto, habrá que estar muy atento para que esto no ocurra, reduciendo el vigor con un buen control de riego más que de abonado, que obligue a disminuir el tamaño del tallo, pero esto debe de empezar a hacerse desde antes de la formación del primer ramillete, para forzar el cuaje de este, que si ya es difícil de conseguir sin injerto en algunas variedades de larga vida, mucho más lo es en la injertada, cuando en esta fase tiene una raíz muy potente y 100% activa. De todas maneras, si la planta no podemos controlarla todo lo que quisiéramos y se muestra muy vigorosa, tendría consecuencias que mermarían la producción, pero no supondría perdidas importantes en el cultivo injertado, sin embargo, no ocurriría lo mismo en el cultivo sin injertar, algo que aclararemos en el transcurrir de la siguiente fase.

Plantación de mediados de septiembre y octubre.

Si en la plantación de primeros de agosto teníamos problemas de crecimiento rápido, aquí nos encontramos con el problema contrario. Una planta que a menos que te descuides y debido a que las temperaturas desde su inicio son adecuadas para el cultivo y los días van acortándose en cuanto a luminosidad, la planta crece lenta y con tendencia a ser muy vegetativa, con entrenudos cortos, hojas grandes y crujientes y tallo grueso. Todo lo que una planta no debe de ser de cara al invierno, ya que estará expuesta a enfermedades como botritis y todo tipo de bacterias, enemigos principales contra los cuales, sin un buen manejo del cultivo, poco o nada puede hacerse a favor de la buena sanidad de este.

El problema se ve incrementado en el cultivo injertado, al proveer de mayor vigor a la variedad. Por tanto, la fertilización potásica se hace necesaria para poder ejercer el control sobre la planta e inducirla a ser más generativa. A su vez, la dotación de riego debe de ser la justa para no excederse y recortar la tendencia a vegetar de la misma.

FASE ADULTA ( a partir del 8º ramillete)

Aquí comienzan los problemas serios y con soluciones difíciles de proveer. En esta fase, coinciden el engorde, maduración y crecimiento de la planta. Hasta ahora se ha dedicado a formarse en cuanto a crecimiento, cuajar los 7 a 8 ramilletes florales y dar un poco de volumen a los primeros frutos. Llegado este momento, los frutos que cuajaron primero van a exigir de la planta el máximo, por que entran descaradamente en la fase de engorde y maduración. Lo que ocurra a partir de aquí dependerá de en que fecha se haya plantado, para resolver de una u otra manera los problemas pertinentes. Por ello recurrimos de nuevo a diferenciar por fechas de plantación, lo que puede acontecer y las soluciones a dar.

Plantación de principios de agosto:

Esta fase tiene lugar a unos 60-70 días de la plantación. La planta es joven, a pesar de tener cuerpo de adulta y tener sobre ella el peso de 8 ramilletes. Todo su desarrollo ha sido muy rápido y esto le puede pasar factura, cuando sus frutos comiencen a demandar nutrientes para su rápido engorde y posterior maduración. En este momento, la planta se ve obligada a aumentar su capacidad de abastecimiento, para conseguir cubrir la demanda de sus frutos, a la vez que no debe de interrumpirse el crecimiento y desarrollo de la parte apical, continuando con la formación de nuevas flores que den nuevos frutos y de la misma calidad que los anteriores.

Este cambio tan brusco que tiene lugar dentro de la planta, hace que su equilibrio hormonal se vea afectado, produciéndose hormonas de maduración y envejecimiento en mayor medida que las de crecimiento apical y radicular. Como consecuencia, la planta dedica todo su esfuerzo en engordar y madurar sus frutos, decreciendo la formación de giberelinas, auxinas y citoquininas, por lo que podemos apreciar una disminución del crecimiento del tallo principal, y un afinamiento del mismo, las nuevas flores y frutos correspondientes a los ramilletes del 9 al 12, pueden verse afectados en su formación y ocasionar problemas de consecuencias irreparables.

Para culminar el desastre y debido a este estrés causado en la parte verde de la planta, se produce la muerte de gran número de raíces, provocando la expulsión de diferentes toxinas que atraen a diferentes patógenos del tomate, causando enfermedad en la planta, que puede acabar con la vida de unas y mermar la producción de otras, que sin llegar a morir, sobreviven a duras penas, produciendo frutos de inferior calibre en un primer momento y muriendo poco después, si no se le pone remedio a la enfermedad. Este es el motivo principal que nos hace decidirnos por el cultivo injertado del tomate.

Debido al mayor potencial radicular, puede soportar mejor ese estrés. El injerto nos salva de las enfermedades de suelo, pero no podemos olvidar que se ve sometida a un estrés muy fuerte donde se producen muchos cambios a la vez, con un desequilibrio hormonal y en ese momento no apreciamos visualmente en la planta lo que está ocurriendo en su interior, con lo que nos deja tranquilos y vemos ahí la gran diferencia de potencial respecto a la no injertada.

Lastima que en suelo no podamos apreciar en ese mismo instante, que la mayor parte de los pelos absorbentes, están muriendo como consecuencia del desequilibrio interno. En sistema hidropónico lo podemos apreciar de forma inmediata abriendo una tabla de cultivo y comprobando la muerte de muchas raicillas.

Las consecuencias son una mal formación de flores y frutos en los ramilletes siguientes, provocando aborto de flores y ahuecado o triangulación de frutos y puede verse incrementado el problema con una poda de hojas masiva, que suele hacerse en esta época para dar luminosidad a los ramos que comienzan a madurar.

Por lo cual, si sabemos en que momento se produce este desarreglo, debemos de procurar una ayuda a la raíz para provocar mayor número de pelos absorbentes y seguir así suministrando lo necesario para el buen desarrollo de la parte aérea. Esta ayuda puede consistir en la aplicación de un buen enraizante que provoque la formación de nuevas raíces de forma inmediata y la aplicación de productos que ayuden a restablecer el balance hormonal.

La solución más idónea a mi juicio, sería la de conocer a fondo los procesos que tienen lugar en el interior del vegetal y proveer a este, de todo el apoyo necesario para que no se produzcan estos desequilibrios tan bruscos, que tanto afectan a la producción final.

Por tanto, mi propuesta como técnico es la de fertilizar a la planta en base a aquellos nutrientes, que incidan en la formación de sustancias que intervienen muy activamente en los procesos metabólicos, para que la planta pueda continuar su crecimiento, a la vez que engorda y madura sus frutos.

El injerto puede darnos la tranquilidad de que la planta va a soportar el ataque de patógenos del suelo y basándonos en esa confianza, podemos aportar al suelo microorganismos beneficiosos que contrarresten a otros perjudiciales y restablecer el equilibrio biológico del terreno, teniendo como resultado un mejor desarrollo de la raíz, que indirectamente potencia la formación de esas sustancias necesarias para evitar en lo posible ese estrés hormonal.

Plantación de finales de agosto:

Viene a ocurrir lo mismo que en la plantación anterior, pero con consecuencias más atenuadas, debido a que la época en la que se produce este estrés, las temperaturas son menores y el desarrollo del cultivo es más pausado. No obstante ocurre lo mismo que en la anterior, pero el problema se acusa en algún ramillete menos, si conseguimos ayudar a la planta en su debido momento.

Plantación de mediados de septiembre y octubre.

No suele darse el ahuecado y malformación de frutos, porque la planta ralentiza su crecimiento a partir del 8º ramillete, a consecuencia de factores climáticos como bajas temperaturas y baja luminosidad y por la dedicación al engorde y maduración como prioridad para la planta. Sin embargo, cuando reinicia el crecimiento, lo hace con frutos considerablemente de menor calibre que había provisto hasta ese momento, por lo que aún siendo injertado, no hay forma de engordar esos frutos. Eso sí, la planta se ve fuerte y sana, con gran número de piezas pero pequeñas.

En otro orden de cosas, hay que reseñar que ante periodos invernales con temperaturas bajas, el fallo de cuaje por falta de polen fértil, es un problema mayor en cultivos de injerto que en los no injertados, por ser esta, una planta más vigorosa y hacer flores más grandes pero sin polen o de mala calidad. Por tanto debemos de llevar la planta bajo control, para que pueda desempeñar sus funciones con plenas garantías de éxito, en pro de la mayor producción y calidad posible.

CONCLUSIONES

– Es necesario injertar, cuando las condiciones de suelo dificultan el poder conseguir cosechas sanas y productivas.

– Es aconsejable injertar cuando sin tener problemas de suelo, queremos asegurar que no haya perdida de plantas por problemas de raíz, así, ganaremos en producción.

– Es importante controlar el vigor de la planta injertada, para conseguir la calidad deseada sin problemas de manejo, que pueden provocar numerosas enfermedades.

– Con el cultivo injertado se puede aumentar la producción final, debido a que no se producen mermas de plantas por la resistencia a enfermedades, pero no porque aumente su potencial genético.

– No hay aumento de calibre y si lo hubiera, el fruto sería de peor calidad al verse forzado a engordar más halla de su condición genética.

– Es importante mantener la raíz activa durante todo el cultivo, con gran número de pelos absorbentes.

– Un buen manejo del cultivo puede reportarnos grandes beneficios, sin embargo, un mal manejo puede conducirnos al mayor desastre conocido y pensar que el cultivo injertado no es una buena idea de futuro.

universidadagricola.com

Artículos Relacionados