Mejores rendimientos de cultivos en invernaderos

 

El potencial de rinde de las hortalizas en invernadero depende en gran parte de la práctica de la fertirrigación, que posibilita la alimentación diaria. Los productores de bajos recursos deben tener en cuenta la demanda de agua y nutrientes de cada cultivo, para el desarrollo de un sistema casero de fertirrigación.
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La gran expansión que experimentó en la frutihorticultura mundial el riego localizado, sobre todo en suelos de textura arenosa, arrastró implícitamente la práctica de fertirrigación.
En el sur de España, los cultivos hortícolas en invernaderos están sometidos en su totalidad a un régimen de riego y fertilización diaria y localizada. Con este sistema, opinaron investigadores y agricultores españoles, se ahorra agua y a través de ella se colocan los nutrientes en el lugar preciso de la demanda de la planta. Es decir, en su sistema radicular. Esto refuerza la idea arraigada en nuestros tradicionales agricultores que, sin disponer de alta tecnología y en términos generales, las respuestas productivas son mejores fraccionando los abonos y el agua, de acuerdo con el requerimiento del cultivo en las diferentes etapas del ciclo.
En Tucumán
A principios de 1970, cuando los agricultores tucumanos incursionaron por primera vez en la producción forzada de hortalizas, no se disponía de la tecnología del riego localizado. Simplemente las plantas se regaban por surcos dentro de los módulos del invernadero, o con mangueras perforadas sin el complemento de la fertilización localizada.
Fue en 1990, al registrarse un nuevo impulso de la actividad de invernaderos, cuando el agricultor accedió a una completa tecnología de fertirrigación programada. Para lograr el éxito en una determinada pauta de fertirrigación es necesario tener una idea aproximada, por experiencia o bibliografía, de lo que requieren los principales nutrientes y su variación cuantitativa a lo largo del ciclo de las hortalizas en cultivo. Ejemplo: un híbrido de tomate con un potencial de rinde de 80 toneladas por hectárea, puede extraer del suelo 320 kilos de nitrógeno por hectárea, 90 kilos de fósforo y más de 400 kilos de potasio por unidad de superficie.
El fósforo lo necesita en la etapa de crecimento inicial, mientras que el nitrógeno y el potasio al inicio de formación de frutos y de maduración, respectivamente. Para el caso del melón, los requerimientos son menores: para un híbrido con rinde de dos frutos de 1,5 kilos cada uno por planta, el cultivo extrae por hectárea 90 kilos de nitrógeno, 40 kilos de fósforo y 200 kilos de potasio.
Hoy coexisten equipos que van desde fertirriego computarizado con programas de control de las concentraciones de fertilizantes -acorde con las etapas del cultivo-, hasta los de fabricación casera.
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