La cosecha del ajonjolí: ¿cuándo es deseable decir «ábrete sésamo»?

 

El ajonjolí es considerado uno de los cultivos mas antiguos que existen, su domesticación se inició hace miles de años y lo llevó a ser sinónimo de riqueza en tiempos remotos, decenas de siglos atrás. En ese tiempo tener semillas de ajonjolí representaba riqueza y poder, puesto que de esta semilla se obtenía aceite vegetal y además era utilizada como moneda de intercambio. Es por esto que en la historia de Alí Babá y los Cuarenta Ladrones, cuando Alí Babá decía “ábrete sésamo” ante una gruta particular, ésta se abría y aparecían ante él grandes riquezas: se ve acá la analogía de cuando las cápsulas de ajonjolí (naturalmente dehiscentes) se abren y muestran la riqueza que contiene en su interior: sus semillas. Mientras el cultivo sea tradicional con su cosecha manual, “ábrete sésamo” seguirá siendo una forma de tener ante los ojos un producto de gran valor … pero cuando se piensa en cosecha semi-mecanizada o cosecha mecanizada, no se desea decir “ábrete sésamo” mientras las plantas siguen en campo.

El ajonjolí es un cultivo que viene estableciéndose como una alternativa muy importante en campos de Latinoamérica. Una de las razones es el mercado de exportación, el cual maneja un precio relativamente estable del kilogramo de grano.

El cultivo tiene una serie de particularidades que lo hacen especial en el momento de establecer lo que podríamos definir como “puntos de control” con los cuales monitorear su desarrollo para poder esperar una buena cosecha; en este sentido el ajonjolí presenta aspectos comunes a cualquier cultivo, como lo son la definición de necesidades hídricas y por tanto el monitoreo del contenido de humedad en el suelo, las necesidades nutricionales y por tanto el monitoreo del contenido de macro y micronutrientes en el suelo, los umbrales críticos de poblaciones de malezas, plagas y patógenos para tomar decisiones sobre su control. Aunado a estos aspectos comunes, se encuentra la manera particular como debe hacerse la cosecha en este cultivo, cuya mayoría de cultivares comerciales mantienen la características de plantas silvestres de poseer frutos dehiscentes, es decir frutos –en el caso del ajonjolí cápsulas- que al llegar a su madurez se abren longitudinalmente dejando expuestas a las semillas, la cual sale del fruto ante cualquier movimiento bien sea por viento, o bien sea por las actividades de cosecha. Esto, dependiendo del sistema de cosecha, puede resultar en una característica muy deseable o muy indeseable.

La cosecha será el momento que podrá definir el éxito o el fracaso en el cultivo del ajonjolí, como en cualquier otro cultivo, pero con el condicionante de la dehiscencia de sus frutos. Esto ha hecho que los sistemas de producción de adapten a esta circunstancia. En los sistemas tradicionales de cosecha manual, así como en los sistemas de cosecha semi-mecanizada, el primer paso de la cosecha es cortar o arrancar la planta, de tal manera de detener completamente el suministro de agua a la parte aérea de la planta y por tanto propiciar su completo secado, generalmente al sol mediante el apilamiento de varias plantas colocadas en forma vertical en el mismo sentido en que crecieron, apoyándose unas a otras y con la punta de las cápsulas dirigidas hacia arriba. Uno de los indicadores que toma el productor para iniciar esta operación es la apertura de 1 ó 2 cápsulas en el 50% de las plantas, ya que con esto aseguran que las semillas casi han alcanzado el máximo desarrollo y por tanto el máximo peso que de ellas se pudiera esperar. Cortarlas antes implica cosechar menos peso de semilla por unidad de superficie, ya que la semilla no ha alcanzado su máximo desarrollo, y por supuesto luego de arrancada la planta no podrá seguir creciendo. Cortarlas después de que las cápsulas abren, permite el máximo desarrollo de todas las semillas de la planta, pero también implica la maximización de las pérdidas de semilla recolectada, ya que todas las cápsulas estarán abiertas y al mover la planta bien sea para cortarla o para arrancarla, grandes cantidades de semilla caerán al suelo por lo cual no podrán ser recuperadas. Así que la mejor práctica agronómica para arrancar las plantas es esperar que unas pocas cápsulas abran naturalmente. La trilla, es decir la separación de la semilla de la cápsula, se logra en la cosecha manual invirtiendo el haz de plantas luego que este esté completamente seco, y golpeándolo para que salgan todas las semillas de las cápsula, estas semillas son recibidas en una superficie que permita recolectarlas fácilmente, como por ejemplo secciones de tela o de plástico extendido sobre el suelo. Esto hace que, teniendo todo el cuidado requerido, las pérdidas de semilla sean mínimas y hace que la condición ideal del cultivar es que haya una mínima retención de semillas para que, al invertir el haz de planta, prácticamente toda la semilla caiga por gravedad, y las pocas que quedan retenidas se liberen de la cápsula golpeando el haz de plantas. Pero esto es algo que solo se puede hacer al tener sembrada poca superficie, ya que es una tarea que requiere de mucha mano de obra y altamente demandante en esfuerzo físico. La cosecha semi-mecanizada como el sistema que se sigue en la gran mayoría de las siembras de Venezuela, los haces de plantas están ubicados verticalmente y una vez secos en campo (luego de unos 10 días de haber sido cortados y apilados) al lado de ellos pasa la combinada que bien sea por una compuerta oscilatoria adaptada en el cabezal (ver minivideo haciendo clic aquí  MVI_3648  )   , o por operarios que están parados en el cabezal, se logra colocar estos haces en el sistema de alimentación de la cosechadora combinada. Ese movimiento de haces de plantas con cápsulas totalmente secas y abiertas genera grandes pérdidas de semilla. En Venezuela se han estimado pérdida en este paso de la cosecha de hasta 40%.

Cosecha semimecanizada

La cosecha semi-mecanizada permite manejar grandes superficies del cultivo, sin embargo, las pérdidas de semilla pueden ser muy altas. Ante esta situación se han hecho intentos de hacer la cosecha totalmente mecanizada. Para que esta se pueda dar, es necesario que la operación se inicie con el mismo indicador que se planteó en la cosecha manual y semi-mecanizada: apertura natural de unas pocas cápsulas. Pero en este punto del desarrollo de la planta, aun queda mucho follaje lo cual pudiera afectar el avance del material cortado a través de los sistemas de la cosechadora combinada… pero esperar que las plantas pierdan totalmente el follaje es esperar que sean muchas las cápsulas que abran y por tanto es esperar una gran pérdida de semillas al momento del contacto del cabezal con las plantas. Es por esto que para que esta estrategia sea exitosa se da la necesidad de utilizar desecantes, generalmente herbicidas. Si bien es cierto que se pueden lograr secados uniformes en las parcelas, no es menos cierto que no se ha estudiado la residualidad de estos productos químicos en la semilla; aun si son de contacto, son muchas las semillas que pudieran estar expuestas por la apertura de cápsulas. Para asegurar que no haya contacto entre desecante y semilla, es necesario utilizar el desecante con todas las cápsulas cerradas y, como ya se explicó, esto trae como consecuencia que el desarrollo de la semilla no sea total por lo tanto no se recogerá todo el peso de semilla que pudiera esperarse. El otro inconveniente de la aplicación del desecante es la muerte y por tanto el secado violento de la planta que por supuesto propicia la apertura de la cápsula, por lo tanto el momento óptimo de iniciar la cosecha está ubicado en una ventana de tiempo muy estrecha.

A pesar de todos estos inconvenientes, la producción de ajonjolí se ha afianzado en Latinoamérica. Evidentemente que la mayoría de problemas asociados a la cosecha se presentan en sistemas con cosecha mecanizada y con cosecha semi-mecanizada como consecuencia de la dehiscencia de las cápsulas. Esto no es un problema en sistemas con cosecha manual. Estos problemas o limitaciones son manejadas por el productor y las pérdidas asociadas a la cosecha simplemente son asumidas a priori.

En agronomía, todo problema o limitación puede ser vista a la luz de las prácticas agronómicas o del mejoramiento genético. Ha sido durante mucho tiempo un objetivo de los programas de mejoramiento genético de ajonjolí la obtención de cultivares indehiscentes, sin embargo este objetivo fue descartado de muchos programas desde que se reporta que aun cuando existe un alelo que impide la dehiscencia del fruto, éste es pleiotrópico y afecta por tanto negativamente una gran cantidad de atributos del cultivo, entre ellos disminución del rendimiento.

 

En la década entre los años 1990 – 2000, el Dr. Ray Langham en Estados Unidos reporta la obtención de cultivares de ajonjolí adecuados a la cosecha mecanizada, los cuales tienen la capacidad de retener un alto porcentaje de la semilla en las cápsulas aun luego de la madurez del fruto, e incluso ante el movimiento físico de invertir la cápsula. Esta capacidad de retención, aun cuando no es necesariamente indehiscencia del fruto, se ha visto asociado a la dehiscencia de solamente la punta de la cápsula, generalmente con una curvatura en su punta, lo cual aunado a que las semilla permanecen unidas a lo que fue la placenta en el ovario, permite mantener las plantas en campo hasta un total crecimiento de la  semilla, para luego, sin corte previo, cosechar directamente de forma mecanizada. La distribución mundial de estos cultivares no es por el momento un hecho, probablemente debido a la alta influencia ambiental de la producción agrícola que hace que esos cultivares, a pesar de la bondad que muestran para la cosecha mecanizada, no rindan lo suficiente en otros ambientes. Esto pone un reto interesante a quienes se dedican al mejoramiento genético de este cultivo, y es descifrar el control genético de la retención de semillas en la cápsula. Este es un trabajo que con seguridad se está haciendo en este momento, y que en Venezuela recién se está iniciando este año. Muy probablemente estaremos en presencia en un futuro no muy lejano, de conseguir grandes extensiones de terreno en toda la zona tropical y subtropical del mundo, sembrados con ajonjolí cuya cosecha pueda ser totalmente mecanizada. Por supuesto, vendrá luego la adaptación de esta cosecha mecanizada, donde se tendrá que investigar la forma óptima de decir “ábrete sésamo” cuando la planta ya esté dentro de la cosechadora combinada y que pueda recuperarse de los campos el mas alto porcentaje de la semilla producida.

Ing. Agr. Hernán E. Laurentin T. (M. Sc., Ph. D.)

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